Santiago Tejedor: «Educar es despertar preguntas; comunicar es lograr que las preguntas viajen»

En una sociedad atravesada por las pantallas, los algoritmos, la inteligencia artificial y una cantidad prácticamente ilimitada de información, educación y comunicación están cada vez más conectadas. Santiago Tejedor, catedrático de Periodismo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y director del Gabinete de Comunicación y Educación, lleva años trabajando precisamente en ese territorio de encuentro. Su trayectoria docente e investigadora se ha centrado en la alfabetización mediática, la educomunicación, el periodismo, las nuevas narrativas y, más recientemente, los desafíos educativos derivados de la inteligencia artificial. Desde el Gabinete, grupo de investigación consolidado de la UAB, impulsa junto a un equipo multidisciplinar proyectos de investigación, formación, transferencia e innovación educativa que comparten una misma convicción: en el nuevo ecosistema comunicativo no basta con acceder a la información; necesitamos aprender a comprenderla, cuestionarla, crearla responsablemente y utilizarla para mejorar nuestro entorno. En 2026, la Universitat Autònoma de Barcelona reconoció su trayectoria y compromiso con la enseñanza en el marco de sus Premios a la Excelencia Docente.

¿Qué es educar?

Educar es acompañar a alguien en el proceso de descubrir el mundo y descubrirse a sí mismo. Evidentemente, implica transmitir conocimientos, pero sería muy pobre reducir la educación a eso. Educar también es despertar curiosidad, provocar preguntas, proporcionar herramientas para pensar y ayudar a construir criterio propio. Me interesa especialmente una educación que no diga constantemente al estudiante qué debe pensar, sino que le enseñe cómo construir su propio pensamiento: buscar evidencias, escuchar posiciones diferentes, argumentar, dudar y, cuando sea necesario, rectificar. Y existe una dimensión que considero irrenunciable: los valores. Podemos formar profesionales extraordinariamente competentes, pero si no hemos trabajado también responsabilidad, empatía, respeto, solidaridad, capacidad de escucha o compromiso social, nuestra tarea estará incompleta. Por eso entiendo la educación como una combinación de conocimientos, experiencias y valores. El objetivo no debería ser únicamente que un estudiante termine sabiendo más, sino que termine queriendo saber más y comprendiendo mejor su responsabilidad ante los demás.

¿Y comunicar?

Comunicar significa poner algo en común. Esta idea tan elemental me sigue pareciendo extraordinariamente vigente. No es simplemente emitir mensajes. Comunicar exige pensar en el otro: quién es, qué necesita, qué sabe, qué siente y cómo podemos establecer un diálogo. En ese sentido, comunicación y educación están profundamente conectadas. Además, hoy todos podemos convertirnos en emisores. Con un teléfono podemos producir un vídeo, publicar una fotografía, escribir una opinión y alcanzar potencialmente a miles de personas. Esa capacidad implica responsabilidad. Por eso me interesa una comunicación que no aspire únicamente a conseguir impactos o visualizaciones. Me interesa una comunicación que explique, contextualice, genere preguntas, acerque realidades y contribuya al conocimiento.

¿Qué papel desempeña en esto el edu-comunicador?

Es una figura fundamental porque habita precisamente el espacio de encuentro entre comunicación y educación. El edu-comunicador entiende que cada acto comunicativo puede tener una dimensión educativa y que todo proceso educativo necesita saber comunicar. Debe conocer las tecnologías y los lenguajes contemporáneos, pero también comprender sus implicaciones sociales. Yo asociaría esta figura con cinco grandes capacidades: preguntar, escuchar, analizar, crear y compartir responsablemente. Y añadiría una sexta: conectar. Conectar disciplinas, generaciones, tecnologías, instituciones y personas. En una sociedad cada vez más fragmentada, necesitamos profesionales capaces de construir esos puentes.

¿Por qué la media literacy es una solución a muchos desafíos del presente?

Porque muchos de nuestros grandes problemas contemporáneos poseen una dimensión informativa y comunicativa. Desinformación, discursos de odio, polarización, manipulación audiovisual, contenidos sintéticos, algoritmos, publicidad encubierta... No podemos resolver todos estos fenómenos únicamente con tecnología o regulación. Necesitamos ciudadanos preparados para desenvolverse críticamente en ese ecosistema. La alfabetización mediática nos enseña a detenernos ante un mensaje y preguntar: ¿quién lo produce?, ¿qué fuentes utiliza?, ¿qué evidencias presenta?, ¿qué intereses pueden existir?, ¿qué falta?, ¿por qué ha llegado hasta mí? Pero no debería limitarse a detectar noticias falsas. También implica aprender a crear responsablemente. En una sociedad en la que todos podemos producir contenidos, debemos enseñar no solamente a consumir críticamente los mensajes de los demás, sino también a responsabilizarnos de los nuestros. Por eso considero que la media literacy ya no es una competencia complementaria. Es una competencia para ejercer plenamente la ciudadanía.

¿Qué es y qué tipo de proyectos desarrolla el Gabinete de Comunicación y Educación?

El Gabinete es un grupo de investigación consolidado de la Universitat Autònoma de Barcelona especializado precisamente en el espacio de convergencia entre comunicación y educación. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado investigación, proyectos educativos, divulgación científica, publicaciones, formación y transferencia. Una de sus características es la diversidad. Hemos trabajado en alfabetización mediática, inteligencia artificial, desinformación, periodismo, educación medioambiental, nuevas narrativas, innovación docente y comunicación científica, entre otros ámbitos. Pero hay un elemento que considero especialmente importante: intentamos que la investigación termine generando algo que pueda utilizar la sociedad. Un proyecto puede producir artículos científicos, naturalmente, pero también una plataforma, un videojuego educativo, un recurso para profesores, una expedición, un observatorio, un material abierto o una experiencia para estudiantes. Esa filosofía explica iniciativas muy diferentes como Tahina-Can, los proyectos de newsgames y divulgación científica, InfoEDU, Tu Aventura o los numerosos proyectos nacionales e internacionales desarrollados por el equipo. La propia presentación institucional del Gabinete lo define también como un laboratorio de innovación docente, transferencia y nuevos formatos basado en la creatividad y el trabajo multidisciplinar.

A nivel formativo, ¿por qué se caracteriza su oferta de másteres?

Intentamos que nuestros másteres combinen especialización, internacionalización, contacto profesional y aprendizaje experiencial. Actualmente desarrollamos formación especializada en ámbitos como periodismo de viajes, comunicación y educación, comunicación medioambiental y comunicación política y electoral.  Pero estamos incorporando una dimensión que me ilusiona especialmente: que nuestros estudiantes puedan complementar su máster con una experiencia académica internacional basada en el viaje. Hemos diseñado Cursos de Especialización Internacional vinculados a los diferentes programas. En Periodismo de Viajes proponemos una expedición a Egipto siguiendo los pasos de Heródoto, donde el Nilo se convierte literalmente en un aula en movimiento y los estudiantes trabajan observación, entrevista, investigación y narración sobre el terreno. En Comunicación y Educación proponemos Educomunicación 360° en Barcelona, visitando medios, museos, centros de investigación, laboratorios de IA e instituciones culturales. Y en Comunicación Política planteamos un itinerario Barcelona-Bruselas que permite conocer instituciones como el Parlament de Catalunya y el Parlamento Europeo y conversar con profesionales que trabajan diariamente en esos escenarios.  La filosofía que existe detrás es importante: convertir el conocimiento en experiencia. Queremos que el estudiante lea y estudie, pero también que salga, observe, pregunte, visite, converse y contraste lo aprendido con la realidad.

¿Cómo será el aula del futuro?

Creo que tendrá menos paredes. No porque desaparezca el aula física. Necesitamos lugares donde encontrarnos, conversar y trabajar juntos. Pero el aprendizaje sucederá cada vez más en múltiples escenarios: una empresa, un medio de comunicación, un laboratorio, un museo, un parque natural, una institución, una ciudad o incluso otro país. También será un aula atravesada por la inteligencia artificial. Eso nos obligará a replantearnos actividades y evaluaciones. Si una máquina puede responder perfectamente en diez segundos a una pregunta que llevamos planteando veinte años, quizá haya llegado el momento de cambiar la pregunta. Me gustaría un aula con más proyectos, problemas reales, trabajo en equipo, experimentación, creación y conversación. Un aula tecnológicamente avanzada, sí, pero profundamente humana. Y mantendría también espacios sin tecnología. Momentos para leer, escribir, recordar, discutir, imaginar o simplemente escuchar. No debemos confundir innovación con acumulación de dispositivos. Quizá el aula del futuro no se defina por la tecnología que contiene, sino por la calidad de las preguntas, experiencias y relaciones que sea capaz de generar. En ese sentido, el gran reto continúa siendo el mismo: conseguir que alguien entre en un espacio educativo con unas preguntas y salga de él con muchas más.

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