Por qué PISA parece funcionar como una apisonadora

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José Manuel Pérez Tornero
¿Es realista el análisis que nos propone PISA?

El informe PISA, al medir las habilidades de los estudiantes de quince años, trata de evaluar los sistemas educativos de los diferentes países. Y de fomentar –siempre según sus autores– el interés público por la educación y la consiguiente mejora de las políticas educativas.

Pero ¿es realista evaluar un sistema educativo tomando como único indicador estas habilidades cognitivas de los estudiantes? ¿Se contribuye, así, a enriquecer las políticas educativas? ¿Se potencia el desarrollo sostenible de los sistemas educativos, de su calidad y su equidad? O, por el contrario, ¿se simplifica el análisis de y se oscurece la comprensión de la realidad?

Un debate mediático

Uno de los efectos innegables de la presentación de resultados de PISA es la potenciación del debate público y mediático sobre la educación.

Durante unos días, los medios internacionales pasan a ocuparse de la educación, y los políticos se ven obligados a justificarse ante la opinión. Por otro lado, son muchos los artículos, científicos y de divulgación, que integran los datos de PISA y que indican un creciente interés de la comunidad científica por sopesar las consecuencias de las diferentes políticas educativas. Mientras tanto, la ciudadanía, por su parte, parece interesarse, aunque sea de modo efímero, por la cuestión educativa.

Pero hay que ir más allá de la mera consideración de este primer efecto y hay que preguntarse si, a la postre, este debate es constructivo. ¿Es realista el análisis que nos propone PISA? ¿Contribuye al diagnóstico de la situación y a la toma de decisiones? O, por el contrario, ¿se ha convertido en un ejercicio de propaganda social más que otra cosa?

Efecto apisonadora

Cuando, a la hora de evaluar los sistemas educativos, PISA privilegia, por un lado, la comparación entre países, y, por otro, solo toma en cuenta el rendimiento de sus estudiantes, está promocionando una visión selectiva de la educación. Tiende a producir lo que podemos denominar un efecto apisonadora. Es decir, aplana los aspectos más significativos de la educación, los que realmente diferencian unos sistemas de otros.

Y, tras esa tarea de aplanamiento, lo que parece es que PISA deja, a su paso, un terreno solo transitable para cierto tipo de vehículos, especialmente todos los ligados a la globalización economicista de la educación. Una globalización que, por lo visto, solo atiende a la circulación de los capitales y de la mano de obra.

De ahí, tal vez, ese interés casi exclusivo de PISA por promocionar solo las competencias individuales de los estudiantes. Trata, así, de crear un espacio de convertibilidad y de evaluación de esas competencias, convirtiéndolas en moneda de cambio en los mercados transnacionales, y dejando a los individuos como componentes aislados de ese mercado.

PISA solo parece poner interés, pues, en la globalización del mercado de las competencias y las habilidades. No parece importarle, pues, la persona como tal persona, sino solo un factor productivo. Un elemento capaz de favorecer el rendimiento económico de los mercados.

Consulta el artículo completo en Aika Educación.

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