La educación en la vida móvil

Imagen de Gabriel Jaraba
Gabriel Jaraba
 Educar sin “pantallas” ha dejado de ser una opción

La vida móvil es última etapa lógica de la evolución de la comunicación mediada y de la cultura. Del códice al libro de bolsillo, del receptor de radio a lámparas al transistor, de la televisión omnipresente en el salón a la TV en portátil o móvil, de la biblioteca monástica a la biblioteca doméstica, de la gran sala de cine de estreno al visionado primero familiar y luego individual, de la computadora de los años 50 que necesita el espacio de un salón a la tableta, del pasquín fijado en la pared al periódico distribuido en quioscos. Es una constante histórica la tendencia a que la mediación tecnológica se miniaturice y se haga transportable, y ahora vemos cómo se cumple en este aspecto el dictum de McLuhan: el medio es el mensaje. Las “pantallas”, pues, no desaparecerán… hasta que sean sustituidas por un nuevo elemento más ligero, más móvil, más sutil incluso, que absorba, sintetice, potencie y reproponga los potenciales comunicativos de los elementos de la evolución previa.

Así las cosas, educar sin “pantallas” ha dejado de ser una opción. Cabe pues hacerse las preguntas pertinentes para hallar una posible salida a la perplejidad actual de educadores y padres. Trataré de anotar algunas.

La tecnología no es interesante, excepto para Julio Verne o Bill Gates. Por sí misma no interesa más que a una minoría de especialistas. Nadie se entusiasma ante una lavadora. La tecnología que atrae y apasiona es la que nos relaciona con otros seres humanos. Se cumple uno de los axiomas fundamentales de la recepción de la comunicación: ¿Qué interesa a la gente? Lo que hace la otra gente. No son “las pantallas”, son las personas.

Parafraseando a Bill Clinton y la economía: “¡Son las personas, estúpido!”. La telefonía móvil ha obrado un milagro como el que realizó la electricidad. Esta acabó con las largas noches de soledad y frío, el móvil ha terminado con el aislamiento entre las personas: pregunten a los migrantes si temen que el contacto vía smartphone les aísle. Igual que nos educaron para vivir con luz eléctrica hemos de educar para vivir con móvil. “Nene, es hora de dormir, apaga la luz”, me decían mis padres al acostarme.

Lee el artículo completo en Aika

Share: