Cuidado con el dinosaurio

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Gabriel Jaraba

¿Y si un día, al despertar, el dinosaurio ya no estuviera allí? ¿Y si hubiera desaparecido esa televisión hasta el momento omnipresente, omniabarcante y poco menos que omnipotente? Se cuestiona el futuro de la prensa impresa, se teme por la posible desaparición de los peródicos, se especula sobre las sorprendentes formas que puede adoptar la información en internet y sin embargo no se contempla que la televisión pueda sufrir una mutación de una envergadura no menor. Pero muchos sospechamos que la televisión informativa que hemos conocido hasta ahora se verá abocada, más pronto que tarde, a unas transformaciones tan profundas que podrían someterla a riesgos semejantes a los que afronta ahora la prensa diaria.

Un servidor andaba rumiando sobre esas cosas mientras escribía un artículo para OI2, el Observatorio para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital y, a mitad del texto, se tentó la ropa: andemos con cuidado no sea que el apocalíptico que habita todo estudioso crítico de la comunicación se apodere de mi teclado y lo mande todo a hacer viñetas. Pero luego aparece en el mismo medio digital Richard Sambrook, profesor de Periodismo de la Universidad de Cardiff (País de Gales) y viene a decir lo mismo que este otro profesor bajito, calvo y mediterráneo que les saluda a ustedes muy cordialmente:  “Existe el riesgo de que el periodismo televisivo sufra el mismo declive que la prensa escrita”. Ah, mirá vos: pues va a resultar que uno no andaba desencaminado en sus sospechas. Los profesionales que se reúnen el 21, 22 y 23 de febrero en Madrid acudiendo a la llamada del Observatorio OI2 para reflexionar sobre la innovación de los informativos tienen materia de rumiación suficiente, no porque algunos tratemos de tomar el pulso al tiempo presente y al tiempo por venir sino porque este tiempo exige plantearse muy a fondo tanto la consistencia como las transformaciones posibles y necesarias de los medios de comunicación de masas.

Si no somos nosotros quienes nos hacemos las preguntas pertinentes sobre la salud y el futuro de los medios de comunicación no lo hará nadie. ¿Quiénes somos nosotros? Pues los profesionales de la comunicación, los usuarios de los medios, los educadores, los padres y familiares de los educandos y los entornos sociales, profesionales, académicos y familiares en los que vivimos. A todos nos interesa una información de calidad, al servicio de los ciudadanos y no de las empresas, de los intereses financieros y las estrategias políticas. A las empresas informativas también debería interesarles ese debate, puesto que está en juego el futuro inmediato de sus negocios. Sin embargo, aunque el dinero suela ser una poderosa razón motivadora, no parece que la empresa periodística esté dispuesta a asomar la cabecita en los lugares donde se reflexiona cada vez más a fondo sobre este asunto que nos concierne a todos pero especialmente a ellos. El filósofo y pedagogo José Antonio Marina nos lo advierte con crudeza cuando define el significado de la palabra motivación: “Motivar es hacer que alguien haga algo que no quiere hacer”.

La excepción es Radiotelevisión Española, y hay que decirlo alto y claro. Su iniciativa de impulsar, junto con la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad CEU-San Pablo el mencionado Observatorio para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital OI2 y la Cátedra RTVE-UAB es una iniciativa tan digna de elogio como todavía infrecuente. Considérenla ustedes, es decir, los nosotros antes mencionados, como una llamada que debe ser atendida. Porque a todos nos conviene ser capaces de hacer aportaciones, de un modo u otro, en pro del futuro de unos medios informativos consistentes, y eso no es asunto exclusivo de los periodistas o de los estudiosos de la comunicación. Simplemente, sin medios de comunicación dignos de tal nombre no hay democracia. De modo que estemos atentos al debate, no sea que un buen día el dinosaurio ya no esté allí… y haya sido reemplazado por otra especie no precisamente herbívora

 

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